Sin titulo y que...


En este mundo se necesitan más soluciones concretas y menos poéticas,  deberían dejar de llamarse “bajas” a los muertos, “Países en Desarrollo” a los países pobres,  “fe” a las creencias que ciegan la voluntad humana,  se maquilla todo con palabras…

Tratamos a la muerte como un espanto, o como una puerta al más allá, ¿Por qué nadie se levanta  y dice? “no sé qué hay después de la muerte, solo sé que muerto una vez ya no existo”, deberían existir voces de protesta, en los gobiernos que impidieran a los “hombres de Dios” hablar en nombre de alguien a quien nunca han visto ni oído de verdad,  pero aseguran que les ha hablado.

Deberían llamar a juicio a aquellos que clasifican a las personas por sus credos, aquellos que piensan que una ideología nos hace tan diferentes unos de otros, cuando en realidad solo somos iguales, en una igualdad que supera los límites de  los pensamientos, tan parecidos como un grano de arena a otro en apariencia.

Deberían mandar a la cárcel a aquellos quienes esclavizan el alma, y les atan pesadas cargas, “has esto, has lo otro”  “el señor ha dicho” “Dios me ha hablado” y actúan de esa manera, como si pudiesen tocar aquello de lo que hablan, como si de verdad lo hubiesen escuchado, y este omnipotente ser hubiera roto su silencio milenario, y hubiera dejado de esconderse.

Auto de detención para  aquellos que proclaman sanidades irrisorias, que hablan de salud y de panacea, cuando sus fórmulas y sus curas  no han sido comprobadas, que ofrecen el cielo y la tierra a cambio de un poco de obediencia ciega,  que hablan de doctrinas y dogmas, estos que han puesto freno al avance de la ciencia en nombre de Dios.

La doctrina de un Dios temible que necesita pedir limosnas y diezmos para sostener a un grupo de bocones que hablan en su nombre, y se paran en pulpitos a teatralizar su palabra, que hablan por el que no puede hablar por sí mismo, y quieren inyectar poder a una palabra “poderosa”… tanto poder teórico, tanta historia de poder, y tienen que pedirle a los más pobres fieles que accedan a someterse a un impuesto periódico, e idolatran con veneración diocesana a los más pudientes de entre ellos,  algunos convencidos estúpidamente de su honestidad, y otros consumidos por la avaricia de su negro corazón.

Sus seguidores, ciegos por las pasiones bajas y su deseo de ser libres, se han atado a peores cadenas, quieren dejar de pecar, dicen ellos, quieren ser libres, quieren ser sanos, pero luchan inútilmente contra natura, se abstienen, sufren y sienten el dolor de perder su humanidad, no tienen un solo día en que su contenciosa lucha no les de el placebo de la paz ilusoria.





Continuara....

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