Genio y Locura.
Los limites, en tiempos pasados, fueron
indistinguibles, una delgada línea parece
rodear la genialidad y la locura, no parece normal, que un ser humano feliz,
criado bajo las estrictas normas de la psicología moderna pueda dar a luz a un
genio, por lo menos si, a un homúnculo feliz,
en ocasiones puede observarse con mayor o menor variación, que poetas, músicos,
pintores y otros artistas, dibuja, caricaturizan y copian las demencias de artistas
antiguos, los excesos y los olvidos son
anhelo y pan de cada artista.
Remitiéndome a las composiciones de cada músico
genial, o que alcanzo la genialidad, uno distingue una fuerza más allá de la
convencional, cada idea rodea tonos, fuerzas y sentimientos, explotando como un
“big bang” en los oídos, ojos y pieles de los espectadores, esto no solo se
debe a un ataque compulsivo de creación, de espontaneidad, arduas horas de
trabajo, soledad, privaciones y olvido forjan las obras que conoce la humanidad, esas que desconocen los más
pequeños, parece ser que la locura es pecado, el manco y el cojo alejados por
su mal formación, el enfermo llevado a lo profundo de la soledad para morir,
aunque sea de desesperación. Los artistas auténticos, viven en esa privación,
muchos de ellos mueren en la negligencia de una humanidad superficial y pragmática,
incapaz de captar la magnanimidad de una obra puesta sobre los hombros de oráculos
leprosos que cantan silenciosamente su amor, o su desidia, porque Dios también se
cansa de tanta idiotez y miseria humana, cuando más, intentado “comprender”,
como lo hace una madre a un pequeño inquieto.
No recuerdo quien, y siempre repito la misma
frase, “no se compone un buen blues, desde el asiento trasero de una limosina”, parece ser que la creatividad florece mejor
bajo el terreno de las privaciones, de las vejaciones, de los insultos, del
olvido, como florece un cardo en el
desierto, cuya flor hermosa es protegida por los espinos, el artista, y solo el,
después de disciplinarse, y dar la vida por su infalible amante, comprende que
la creación es fruto del delirio, que la espontaneidad trabaja de mano de la insistencia, Humildad es una palabra útil
cuando se trata de aprender, una inútil cuando se trata de ganar, pero el
producto artístico no es una venta, una manilla puesta sobre un tendido en una
calle central, para ser llevada y luego desechada, este, es un mensaje, cualquiera que fuere, que
se transmite, sin otra intención que el ser transmitido, no lleva por si,
sueños de gloria, este, llega a los oídos de la humanidad, y enternece, enoja,
confunde, adula, levita, y hasta confronta, el artista no siente la compulsión de
ser igual a los demás, ni de ser diferente a todos, este busca encontrarse, en
ese macro mundo, en el universo de sus ideas que manan de su cabeza como el caos
que se expande a velocidades frenéticas.
No es normal, que el niño feliz produzca nada
inteligiblemente bello, la belleza y la
fealdad son amigos, que se saludan en lo íntimo del cerebro humano, como las
escenas nauseabundas de muertes y
masacres, que toman su alojamiento en la memoria, y luego son convertidas en
colores, tonos e impresiones, y toman formas diferentes, el cerebro del artista
desmenuza cada elemento, porque él no concibe la fealdad completa, el
sinsentido, la humanidad se adhiere a la naturaleza, y nace lo espiritual. No se
vive para los clichés, para lo ordinario, lo de moda, o la tendencia actual, este esta sufragado a lo que le dicta su razón,
se guía por sus percepciones, retorcidas
y exorbitantes, no se entrega a las medidas de un mundo cuadrado y gris,
ni dibuja sobre el papel la forma de una maquina tal cual es, y si así lo
hiciera, no es esa su intención, el genio, encuentra que sus manos, sus ojos, y
todo su cuerpo son lenguaje puro, bien
lo decía Jhon Lennon “soy un artista, denme un trombón, y hare arte” los psicólogos
suelen confundir a los artistas con megalómanos
con delirio de Dios, no ven en ellos, los hombres que transforman su entorno a
medidas psíquicas, que toman cada rasgo de lo aburrido para convertirlo en un
nuevo sabor, porque el aburrimiento y la
monotonía son diarias para él, la inconformidad se le clava como una aguja malintencionada
en una silla, debe encontrarse en el
camino, que una y otra vez perderá, que
buscara siempre con diferentes señas,
como el sueño recurrente de llegar a
casa y encontrar nuevas casas, nuevas calles, nuevos lugares, y nunca llegar,
este no obtiene, se encuentra, para seguir buscándose, el insomnio de este, es el sueño de aquel, lo
que uno hace de forma inconsciente, el hacedor de arte lo busca en su realidad.
La obsesión es sinónimo de él, pensamientos recurrentes
que acuden en bandada a su cabeza, como las
gaviotas que acechan al hombre que lleva el mendrugo de pan, pero este, en vez de sentirse atacado, les da
nido en su mente, les tiende la mano, les deja picotear un poco, les da la
bienvenida como los enfermos al sol que les calienta los fríos nervios del estertor
que se acerca. No todos los obsesivos crean, pero este siente que sentarse
frente a un televisor y contemplar el mundo no es lo suyo, se mueve incomodo
entre su sofá, pensando que la vida se va
como la arena que se escapa de los dedos del famélico camellero, no quiere dejarse embrutecer, dejarse absorber por la masa ingente de
pensadores catatónicos, que se copian a sí mismos, una y otra vez, solo
variando en muchedumbre por el color de un dictador, como las aguas del mar
contaminadas por los residuos de los buques, no se razona con él, como se razona
con un religioso, un político, o un vendedor, la gnosis de este lleva implícita
las huellas de una madre, sobreprotegiendo, sensible, emocional, el no deduce
por los números, no suma, resta ni divide, sus manos le muestran el camino, para él, el desorden, es el orden que la
naturaleza ha querido dar, los hombres buenos no ordenan, eso lo hizo Hitler,
Pinochet, y otros tiranos, los hombres buenos, promueven la anarquía del
pensamiento, pero aíslan a los demás de sus cuerpos, para luego reconciliarlos
en el abrazo de la deidad, no es que
quieran llevar la contraria, es que no hay una sola forma en la vida, que no
tenga más de uno o dos maneras de sobrevivir, todos crecemos bajo distintas
condiciones.
Si quieren acabar con los locos buenos, con
los violentos de la mente, y encerrarlos en un manicomio, les aseguro que este sanatorio
seria el paraíso en el infierno, porque la cordura es la mayor locura, y afuera
hay más chiflados que los que crean, los que destruyen el arte divino a golpes
de cañón, los que hieren a su vecino por un trozo de cielo falso, encierren a
todos estos locos, que la humanidad lo lamentara toda la vida, el delirio y la
locura son patrimonio eterno de la genialidad.
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